Volvemos a Sevilla y nos reencontramos con la luz que tanto nos gusta de una ciudad de la que es imposible cansarse. Este año que termina, el equipo de Javier Arroyo Fotografía hemos visitado el sur en numerosas ocasiones y Sevilla, concretamente, siempre es un enclave que disfrutamos como niños y al que, por cierto, volveremos varias veces a lo largo de 2024. Gracias, Rut y Manuel, por invitarnos a formar parte de vuestra preciosa boda en una ciudad que nos enamora.
Siempre hemos dicho que las bodas de invierno tienen algo especial: son elegantes, originales, acogedoras… Y son aún más especiales si, a pesar del frío propio del mes de diciembre, luce un espléndido sol de invierno. Parece un detalle sin importancia, pero no es una luz cualquiera, los matices son muy importantes para nosotros, los fotógrafos.
De nuevo, una pareja encantadora, radiante de felicidad y con muchísima ilusión, con un increíble sentido de la moda y un porte perfecto para lucirla. Para fotografiar los preparativos nos desplazamos al Hotel Alfonso XIII, icono de Sevilla, un hotel con gran solera e historia.
Allí pudimos disfrutar en vivo del trabajo del maquillador Christian Navas que, con todo su cariño, contribuyó a que Rut luciera espectacular. Parte de culpa la tuvo el conjunto de vestido y chaqueta torera con apliques confeccionado por Nicolás Montenegro; el sombrero que coronó un conjunto tan especial, una pieza de artesanía de Sombrerería Roiz, y pendientes de Joyería Pilar Román. El ramo de Rut fue una composición de la floristería Alfalfa. Manuel, por su parte, iba vestido con un elegante chaqué a medida de la sastrería Dappers.
La ceremonia se desarrolló en la Iglesia de Santa Ana, en el barrio de Triana, que ya habíamos tenido el placer de visitar a principios de este mismo año. Para el banquete, por su parte, nos desplazamos hasta la finca Hacienda de Medina, a pocos kilómetros de Sevilla. La pareja contó con el catering Campuzano para agasajar a sus invitados e invitadas, que midieron hasta el último detalle.
Bailes que expresan felicidad
Si tuviéramos que definir esta boda con una palabra sería “baile”, que no es más que el símbolo más natural de la felicidad. Rut, Manuel, su familia, amigos y amigas, niños y niñas… no hubo nadie que se quedara sin bailar, sin celebrar, sin disfrutar del día y del acontecimiento.
El baile de la pareja, de hecho, fue de los más alegres que hemos visto. Además, Rut, con el larguísimo pelo suelto, un llamativo escote en la espalda y sin tacones ¡parecía otra!
Nos quedamos también con las miradas cómplices con los familiares más cercanos, con el posado de la pareja, que demostraba su gran conexión y con el amor y cariño que se respiraba en el ambiente.
A vosotros ¿qué os parece este breve avance? ¡Os leemos!






































