Muchas de las bodas que realizamos son religiosas y, por tanto, siempre hay un momento en el que el reportaje nupcial se traslada al interior de una iglesia ¡el momento más importante! Sin embargo, la falta de iluminación y lo reducido de algunos espacios supone para el equipo de Javier Arroyo Fotografía un auténtico reto. Eso sí, uno que abrazamos con ganas y que siempre superamos con resultados de calidad profesional. ¿Queréis que os contemos cómo lo conseguimos?
La entrada de los novios, el camino hacia el altar, los pajes, el sí quiero, el intercambio de anillos, la emoción de los invitados… son momentos icónicos que no pueden perderse por cuestiones técnicas. La ceremonia atrae mucha expectación y todas las miradas se centran en la pareja. Y, cuando ya ha pasado el acontecimiento, se busca en las fotografías rememorar una y otra vez todo lo que ocurrió en la iglesia.
Es cierto que hay ciertos templos que conocemos muy bien, por ser los favoritos a la hora de celebrar ceremonias nupciales. Cuando no los conocemos y los tenemos cerca, nos acercamos a ver el espacio con antelación. Sin embargo, dado que nos desplazamos a cualquier ciudad para trabajar, es muy complicado tener siempre conocimiento del espacio previamente. Ante esto, nos queda tirar de experiencia y criterio profesional.




La luz, el mayor desafío
No todas las iglesias están iluminadas del mismo modo y es cierto que algunas tienen bastante luz, incluso natural. Pero en la mayoría de casos, la luz es tenue e irregular. Las fotografías en la iglesia, aunque siempre apostamos por la naturalidad, tienen un efecto fantástico, casi mágico, muy interesante. Para sacar el máximo rendimiento al espacio se cuenta con la pericia del fotógrafo y, por supuesto, con su material. En nuestro caso, lentes profesionales, flashes y, en definitiva, cámaras que disponen de las funcionalidades adecuadas para trabajar en estos entornos.
Espacios reducidos y la discreción del fotógrafo
Tenemos muy claro que no somos, ni remotamente, los protagonistas de la fiesta así que nuestra máxima es pasar completamente desapercibidos. Hay circunstancias más sencillas que otras y las iglesias, si son de pequeño tamaño, suponen, de nuevo, un reto. Para esto, es muy importante encontrar antes de que comience la ceremonia la ubicación perfecta que nos permita tener un ángulo y visión privilegiados, sin impedir la de otros. Solemos decir que nos convertimos en ninjas, porque nos movemos por el espacio de forma sigilosa y sin llamar la atención. Somos muy respetuosos con los lugares sagrados, por eso, si tenemos la oportunidad de hablar previamente con el sacerdote o con el equipo organizador de la boda para que todo fluya lo mejor posible, lo hacemos encantados.
A pesar de todo ello, somos conscientes de que hay templos preciosos y fotos maravillosas y majestuosas que salen de ellos. Contadnos, ¿en qué iglesia tenéis pensado casaros?



