Hola, me llamo Javier Arroyo y llevo mirando la vida pasar desde que tengo recuerdos. La fotografía me cambió la vida. Y mi misión es que con ella puedas revivir siempre las emociones de la tuya.

La boda de Verónica y Sara, el reflejo de un amor

Nos encanta poder prepararos estos posts en los que os mostramos el resultado del trabajo que hacemos en Javier Arroyo Fotografía y que reflejan tan bien el amor, la alegría y la emoción de las bodas. En esta, la de Verónica y Sara, no falta ninguna de esas sensaciones, aunque seguro que ellas tendrían muchas más que aportar a la lista. Esperamos que disfrutéis de este reportaje fotográfico.

Algunas parejas nos dicen que las fotografías de su boda les permiten rememorar instantes que ni siquiera recordaban, por la intensidad y los nervios que han vivido, especialmente en esos momentos previos a la ceremonia. La verdad es que tanto Vero como Sara supieron disfrutar también de los preparativos, de ese ratito en el que se preparaban y se vestían, tanto ellas como sus seres queridos.

De los preparativos a las luces de discoteca

Sara llevaba un dos piezas espectacular con un corte muy original, sus zapatos brillaban y su pelo dibujaba unos rizos perfectamente definidos y naturales. En el acontecimiento no faltaban sus perros y gato, miembros de la familia que no querían perderse nada. Vero, mientras tanto, bailaba delante de su vestido largo y estructurado, y practicaba mil poses en el espejo, con una felicidad desbordante que iluminaba la habitación.

Y sí, en este reportaje hay muchas lágrimas de felicidad, al verse, al abrazarse por primera vez, al compartir entre amigos y familia. No se nos olvida captarlas porque son la prueba de todo lo que el amor remueve. El verde vibrante de la vegetación y el cielo azul despejado fueron el marco que contrastaba perfectamente con el blanco impoluto de la ropa de las novias.

Hasta que comenzó a anochecer hubo besos, bailes, brindis, fotos de grupo y ese pequeño reportaje que siempre nos gusta hacer en el que retratamos a la pareja en la intimidad. ¡Aunque sin “raptarla” durante mucho tiempo, claro!

Si el exterior estuvo cargado de luces de verbena, el salón donde se celebró el banquete estaba repleto de farolillos. Y de flores, flores por todas partes. Las más especiales, las de los ramos, y hubo para repartir.

Y de las guirnaldas de verbena, pasando por los farolillos llegamos a las luces de discoteca porque esta fiesta merecía que aguantáramos hasta el último momento. Si tuviéramos que resumirla con una palabra sería disfrute. Y eso no solo nos da mucho juego como fotógrafos, sino que nos hace muy felices.

Hola, me llamo Javier Arroyo y llevo mirando la vida pasar desde que tengo recuerdos. La fotografía me cambió la vida. Y mi misión es que con ella puedas revivir siempre las emociones de la tuya.

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